martes, 27 de diciembre de 2011

Reflejos de mexicanos




Hace tiempo que no escribo nada por aquí, por lo que he decidido copiar (editando un par de cosas) un escrito que se me ocurrió hoy, mismo que publiqué en cierta red social. Normalmente escribo cosas más extensas, pero necesito desahogar mis frustraciones políticas. 

En los últimos días han aparecido infinidad de videos, tweets e imágenes relacionados con los traspiés de Enrique Peña Nieto, único pre-candidato a la presidencia como representante del Partido Revolucionario Institucional. ¿Y saben algo? Ya vimos que éste es ignorante, intolerante y convenenciero: que si no lee, que si no es señora de la casa, que si educa mal a sus vástagos, que si mató a su esposa, que si necesita estudiar inglés, que si está en contra de las minorías... Pero me toca protestar:

Una y otra vez salen videos en contra de este candidato, desmeritando su pre-campaña ¡qué bueno! está bien que haya participación. Lo que me causa tristeza es que pocas personas han publicado videos con posibles propuestas de pre-candidatos, de hecho, sólo hay videos con propuestas de un candidato. 

Así que ahora sólo veo dos posibilidades: O de plano estamos mal nosotros, la población, que sólo vemos la piedrita en el arroz, o bien, no hay candidatos que valgan la pena. No hay verdaderas propuestas...

He escuchado quejar por doquier contra los tres partidos y sólo puedo pensar... ¿cuál de los que están compitiendo es "el menos peor"?
¿El de la república amorosa, que hace cualquier cosa menos dar ejemplos de cómo amar? ¿la que se cree del sexo fuerte, misma que lo ha repetido tantas veces que corrobora su falta de confianza en sus habilidades políticas, porque cree que su género le ganará la campaña? ¿El que "lo intenta por última vez", porque se le van las oportunidades y en cuyos spots está tan tieso por no cometer errores, que ni parece natural el pobre hombre? ¿o mejor, el que es secretario de nuestras finanzas, y no entiende la realidad de la micro-economía mexicana?

No veo para qué quejarse de un sólo candidato, cuando habría que ponerse a pensar cuál es el destino de nuestro país con semejantes opciones... ¿de verdad esto es lo que merecemos? ¿este es el reflejo de México? No quiero sonar apocalíptica, pero se me ocurren muchas razones para pensar que así es. 




Guinevere McNamara
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Me quiero portar lo más neutral posible y no favorecer a nadie, por lo que pongo las ligas que he encontrado con las propuestas de los pre-candidatos que más se han hecho notar: 


Por la izquierda, Partido de la Revolución Democrática (PRD). Andrés Manuel López Obrador:

Por la derecha, Partido Acción Nacional (PAN). Josefina Vázquez Mota:


Por la derecha, Partido Acción Nacional (PAN). Santiago Creel Miranda:

Por la derecha, Partido Acción Nacional (PAN). Ernesto Cordero Arroyo:

martes, 11 de octubre de 2011

¿Qué nos hace humanos?



Sus manos rodearon el cuerpo del arma, apuntó a su objetivo lo mejor que pudo entre el frenesí y el caos y jaló del gatillo. La bala salió disparada en lo que pareció un intervalo infinito que se perdió entre el espacio y el tiempo, fue entonces cuando la munición cobró vida y conciencia. En ese cruce de realidades, el proyectil viajó por sus memorias y recordó ser una lanza que, sedienta de sangre, se hundió en el corazón de un humano. De un hermano. Aquella bala evocó entre sus memorias la empuñadura de un hierro que, sin piedad alguna, cortó la cabeza de un humano. De un hermano. Ahora, ella se dirigió a un nuevo blanco, como sus antepasados, iba a matar. Su dueño le había dado una misión: asesinar a un ser humano. Pero entonces, ese amo que había disparado para derribar a un enemigo, abrió los ojos desmesuradamente, pues la bala atravesó el cuerpo de un humano. De una hermana. El proyectil fue la lanza, la flecha, y la espada despiadados de la historia que acabaron con tantas existencias y glorioso, arrebató una vida más. La vida de una inocente niña. Misma que cayó sobre la arena, exhalando su último aliento. Estaba muerta.

¿Qué es lo que nos hace verdaderamente humanos? ¿En qué se basa nuestra humanidad? ¿Cuándo podemos decir que somos “mejores”?

 Los hombres son los únicos entes sobre la faz de la tierra que son capaces de cometer crímenes atroces contra sus hermanos. Sólo basta con recordar los momentos más frenéticos y crueles del Holocausto para comprender hasta dónde puede llegar la perversidad humana.

En cambio, en la naturaleza hay muchos ejemplos de cariño: madres que abrazan y cuidan a sus cachorros, un ideal intrínseco sobre ayuda mutua, apoyo incondicional entre familias. Imaginen, por ejemplo, a un grupo de monos que después de hacer un truco se les regala un plátano, junto a este conjunto laborioso, hay otro mono al que le regalamos un plátano sin hacer nada para ganarlo: los otros animales lógicamente atacarán al “perezoso”. La justicia impera en el medio ambiente. En el medio urbano, artificiosamente construido por el hombre, no.

En lo más recóndito del corazón del hombre encontramos dos fuerzas antagónicas: la primera es la destrucción, la forma más primaria y más terrible de nuestra humanidad. Pensemos en la más horrible de las masacres; en niños obligados a matar a sus semejantes, en personas torturadas, rebajadas, apuñaladas mediante frases hirientes en la mente. Recordemos cada escena de guerra que se cuela en nuestras memorias raciales, sintamos el peor de los dolores en nuestra vida. Para algunos, quizá fue un golpe, para otros, la muerte y aún más grave, el insulto proveniente de un ser querido. ¡Atrocidad! ¡Genocidio! ¡Desesperación y pena!

Bajo estas premisas podríamos afirmar que el ser humano, entre más malvado, mejor es; porque la infamia es parte intrínseca de su alma. Si este enunciado fuese cierto, el hombre está condenado al sufrimiento.

Somos los únicos seres de la Creación que pueden decir que conocen el mal en su esencia. Y eso es precisamente, nuestra salvación. ¿A qué me refiero? En el corazón del hombre, reitero, conviven dos fuerzas. La primera, es el mal que arrastra a los espíritus y los convierte en demonios que acaban con su propia raza. Mas la segunda es lo opuesto a esto. Es bien absoluto.
Remontémonos a la tradición judeocristiana, que en buena medida ha marcado a la civilización occidental. Se menciona que en el jardín del Edén existía el árbol de la ciencia del Bien y del Mal. Cuando nuestra especie comió del fruto de la misteriosa planta comprendimos esta dualidad.
Hemos manoseado la carne de la depravación y por lo mismo, conocemos el más profundo sentimiento  humano: el amor.

Es lógico que la razón nos lleve a la declaración que señala que sabemos lo que es oscuro, porque vislumbramos a su contrario: la luz. A su vez, sabemos que estamos vivos porque percibimos y sentimos la muerte.

Sí, somos seres viles que se relacionan con las penas más profundas. Mas somos también  criaturas que habiendo visto en el abismo de su corazón el lugar más lóbrego, salen a flote y sufren una metamorfosis, vuelan y se elevan hasta el punto más celestial en ese corazón tan humano, llegan entonces a un paraje que irradia resplandores de colores y que entrega al mundo la expresión más alta humana: bondad, virtud y esperanza.

Él se acercó y vio el cuerpo de la niña sin vida ya. La herida sangrante producida por su arma le pareció aún más horrible de lo que le transmitía su vista, la muerte representaba no sólo el cese de una existencia, sino que lo convertía en un asesino impío. Ríos de lágrimas brotaron de sus ojos y se perdieron en sus ropajes sucios que lo distinguían del resto de los mortales. Era un soldado y, por lo tanto, un homicida.  Sus manos arrojaron el arma y abrazó el frágil cuerpo, llorando sobre éste. De repente, todo se había vuelto mudo. No obstante, éste no era un silencio sepulcral, sino una calma pacífica. El hombre levantó la mirada al sentir que la palma de una mano se apoyaba en su hombro. Fijó la mirada en una mujer, de facciones idénticas a las de la niña y se sintió aún más miserable al ver las gotas de tristeza que se deslizaban por las mejillas de la dama. Ella besó a la chiquilla, depositándola cuidadosamente en el suelo ahora sagrado;  y en un acto que no necesita explicación, acarició el rostro del asesino, quien se lanzó al regazo femenino. Ella arrullo al hombre, compartiendo la pena y palpando el sufrimiento converso. Ese gesto no fue de lástima: fue gracia divina, fue comprensión y aún más, fue perdón. 


Guinevere McNamara

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Este corto me encanta, y demuestra que con unas cuantas palabras podemos sacar lo mejor de esta "terrible" humanidad. 


domingo, 14 de agosto de 2011

Las etapas en la vida



Hace poco tiempo leí los delirios de cierto vlogger (video-blogger, en jerga informática) que relataban parte de sus experiencias con las crisis de la edad.

Es normal escuchar que alguien ha ingresado en la “crisis de los 25, 30, 40…”. Existen personas a las que cumplir una determinada cantidad de años los pone a reflexionar acerca de sus vidas, o incluso, niegan haber entrado en una nueva etapa y se disponen a hacer locuras: el típico caso del hombre maduro que se pinta el cabello, compra un automóvil lujoso y se ve ridículo con ropa que ya “no va para su edad".

Considero que nunca he tenido una crisis de la edad como tal. Nunca me ha causado afrenta cumplir “x” cantidad de años. Sin embargo, sí he sufrido episodios que de algún modo, transformaron mi existencia, vamos a decir que he tenido “crisis de etapas en la vida”. Por ejemplo, el primer evento de este tipo en mí se dio cuando mi hermano más chico dejó el hogar – yo tenía alrededor de 11 años, mi hermano ya andaba por los 27 -; éste fue el primer golpe que cambió mi rutina e hizo que comprendiera que con el tiempo, por circunstancia a veces ajenas a uno mismo, la vida se modifica, y las personas debemos adaptarnos a ello.

Puedo mencionar muchos parte-aguas que transformaron mi diario existir: cuando me convertí en una adolescente, el día en que mis padres se separaron, haber pasado a la secundaria o a la preparatoria…

Y habiendo disfrutado y sufrido de diversos momentos que afectaron mi pensamiento y mi alma he llegado al inicio de otra etapa importante en la vida de un joven común. El inicio de la carrera universitaria.

Es posible que suene a cliché, pero nunca pensé que este momento en verdad fuese a llegar. Desde que tengo 4 años he estudiado en el mismo lugar. A pesar de que me he involucrado en numerosas actividades fuera del colegio, podríamos decir que éste se convirtió en mi segundo hogar.

Estoy en medio de una crisis interesante. Es como dejar un nido para volar a otro lugar. La Universidad se alza como un mundo de posibilidades infinitas e increíbles. Con todo, me es imposible no mirar hacia atrás y sonreír. Me siento orgullosa en declarar que en todos mis años de estudio conocí a personas maravillosas: compañeros que siempre me dejaron algo (bello y malo, pero útil después de todo) y maestros con vocación que no sólo se preocuparon en verme exitosa en el estudio, sino como una persona completa.

Insisto, es como dejar una familia. La voy a extrañar mucho, extrañaré todas las cosas que ahí viví y que me transformaron en el ente que ahora soy. Ese lugar siempre me abrió las puertas: si no hubiese sido por estar en el colegio, más de un acontecimiento no tan bueno hubiese sido espantoso. Aunque esa familia no esté ya cerca, siempre la quise, la quiero, y querré.

Mañana comienzo en la Universidad y la verdad es que me da gusto porque sé que encontraré personas que me enseñarán siempre algo, tendré y aprovecharé miles de oportunidades académicas y profesionales; en fin, sé que hay muchos beneficios en esta nueva institución.

Eso sí, digan lo que digan, nunca me podré olvidar de mis raíces. Soy una persona a la que le gusta recordar su pasado para sacar lo mejor de éste y aprovecharlo en el presente. Ayer me enseñaron y me quisieron, y hoy, sólo tengo que dar los frutos de ello.

Acabo de dejar mi puerto natal para zarpar a tierras nuevas, el océano se abre inmenso y en él caben todas las posibilidades. Será cosa de mi barco aprender a pescar las mejores, las que se traduzcan en incontables riquezas y me lleven por sendas de dicha.

Guinevere McNamara


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En el videito sale cierta persona que se dedica a escribir entradas incoherentes para este blog, dando el discurso de graduación de preparatoria para su generación.

sábado, 30 de julio de 2011

La punta de mi lengua



Hay muchas maneras de convertirse en hombre, de alcanzar una verdadera humanidad. Para algunos, la mayor expresión del ser humano es el poder amar; para otros quizá sea la capacidad de raciocinio, y para otro sector es el tener la oportunidad de conocer a  su Creador. Entre tantas formas de ser hombre, una de las más grandiosas es el hablar en un idioma. La capacidad humana para comunicarse es propia de sí mismo, porque con un conjunto de grafemas que a su vez, representan grafemas, podemos dar mensajes ricos, útiles y edificadores. Gracias a ese don de palabra, hemos forjado civilizaciones y también, hemos palpado tanto la más profunda pena como  la más grandiosa de las dichas.

Quinientos millones de personas hablamos español, esta cifra representa millones de mentes: un sinfín de mundos que expresan sus sentires en esta lengua tan bella. Octavio Paz señala de manera cuasi-filosófica: “El lenguaje humano está abierto al universo […] pero igualmente, por sí mismo, es un universo”.* Transmitimos ideas y sentimientos, nos explicamos el cosmos con una lengua. Ese mismo lenguaje que utilizamos a diario, es un universo de difícil comprensión. Mucha gente usa el español, pero pocos son los que atisban sus implicaciones y designios ocultos en cada raíz, en la historia de cada palabra. Después de todo, no es necesario comprenderlo (en lo más profundo de la semántica, al menos) para disfrutar de él.  

El premio nobel también declara que “las palabras del lenguaje, por sí mismas, dicen y callan algo”. A pesar de que suena un tanto paradójico, este conocimiento lo poseen poetas y escritores, y es un arma inigualable para aquél que sabe usarla. Todos los hablantes del español podemos expresar fonemas y tratar de describir lo que pensamos o sentimos, pero a la vez cada vocablo representa un silencio. El comunicar con palabras reduce nuestra imaginación a un solo conjunto de letras o sonidos, lo cual no está mal; sin embargo, siempre hay algo que “ocultamos” sin siquiera saberlo. Esto explica el que los poetas utilicen metáforas y palabras de gran contenido histórico en sus entrañas para reflejar sentires de la vida. Así, no es lo mismo encontrar en un texto científico: “Los eritrocitos, también llamados glóbulos rojos o hematíes, son los elementos formes cuantitativamente más numerosos de la sangre” que ver en un poema: “Y su sangre ya viene cantando:/cantando por marismas y praderas,/resbalando por cuernos ateridos,/vacilando sin alma por la niebla,”: la ciencia necesita del sentido práctico y específico de la palabra, mientras que la lírica precisa de vocablos que destellen imágenes más subjetivas o etéreas. Las palabras tienen un gran poder, prácticamente subliminal, por eso nos relamemos con voces antiguas de un enorme significado histórico (a veces, por cierto, sin saber que esa palabra se pierde en los anales de la memoria colectiva).

Por otro lado, también cabe señalar que el idioma español es una lengua extensa ya que posee palabras acuñadas de todos los lugares en donde se habla. Me gusta la comparación que hace Paz del idioma español con un árbol: cada rama es una manera de manifestar el español según el lugar geográfico en donde se hable y nosotros, los hablantes, somos sus hojas. La rama “España” tiene sus propias hojas, así como la rama “México” o “Perú” tendrán las suyas. A veces, estas ramas tocan las hojas de otros árboles… ¡y abracadabra! Tenemos voces árabes, de origen náhuatl o germanismos. Algún día las hojas actuales morirán y caerán del árbol del idioma, mas vendrán nuevos hablantes que impondrán frescas maneras de crecer; sus raíces serán las mismas, pero es posible que el árbol tome diferentes formas según  las necesidades de los hablantes.

 Aquél que diga que todo está escrito, está expresando una falacia, ya lo dice también el genial escritor: “Le lengua es más vasta que la literatura”. Si la lengua es un universo y nosotros que la hablamos, a su vez, la reinventamos, no importa los siglos que pasen; habrá nuevas realidades que describir, relucientes fantasías por plasmar en papel. Una vez más, retomo lo dicho por  Paz “[…] el escritor explora su realidad, la suya propia y la de su tiempo. […] El poeta y el novelista descifran el habla colectiva y descubren la verdad escondida de aquello que decimos y de aquello que callamos”. Sencillamente, toda la sociedad grita su realidad, pero también la intenta silenciar: la literatura se encarga de cristalizar las verdades de los pueblos, por ello es grandiosa.

Sin más, el ser humano necesita del lenguaje, como el lenguaje requiere del hombre para crecer. Somos afortunados de hablar español .Y si me lo preguntan, el idioma castellano es uno de los más ricos, una lengua interminable que le permite a sus hijos declarar ideas, confesar sentimientos y revelar certezas.


*Todas las citas fueron tomadas del artículo de Octavio Paz "Nuestra Lengua". Para leerlo, pulsa aquí.

Guinevere Mc Namara



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Ya pasó el día “E”. Sin embargo, el video sigue teniendo datos muy buenos y se aprecian algunos hablantes del castellano famosos.





lunes, 18 de julio de 2011

Generación "Y"


Hace algún tiempo había leído acerca de la teoría sociológica de Strauss y Howe sobre las generaciones. Este mes retome y profundicé en el tema gracias a una monografía con cuatro artículos principales, publicado por la revista “Algarabía”.  Básicamente, cada grupo generacional está marcado por una cultura específica. En general, las personas que nacen en un periodo concreto de tiempo, tienen características semejantes entre sí.


Buena parte de esta teoría explicaría la manera colectiva de pensar de cierto grupo social. Así, el fenómeno de la “brecha generacional” no es tan extraño, ya que la gente nacida durante los años 20 no se comportará igual a los seres humanos aparecidos en los 50 y mucho menos a los que vinieron al mundo durante los 90.

Sería interesante reflexionar sobre cada generación y su comportamiento. Sin embargo, esto implicaría tiempo y quizá demasiado esfuerzo para este espacio, en el cual quiero simplemente transmitir mi opinión, no ofrecer un ensayo completo sobre la teoría. Para mayor información, pueden comprar por 30 pesos la monografía en Sanborns. O bien, preguntarle al oráculo (mejor conocido como Google).

Soy una “millennial”. Miembro de la generación “Y” nacida entre los años 1982 y 1994-1997 (varía según el autor). Quizá no tenga el grado de sapiencia o preparación para sumergirme en el mundo de generaciones pasadas pero sí que es válido analizar a los seres que coexisten conmigo.

En la monografía que me di a la tarea de leer nos pintan como una generación francamente espantosa e inútil. En específico, el artículo en el que se considera la realidad “millennial” ve el entorno de los sujetos entre clases media y alta. De esta manera, los “y” crecimos sobre-consentidos de niños y hemos oído miles de veces el clásico “Quiero que tú tengas lo que yo no pude tener”. Bajo esta premisa nuestros padres nos dan todo lo que queramos. Sí, todo: Computadora, automóvil, una “buena” escuela, dinero, permisos, ¡lo que sea! Nuestra triste realidad es que afuera del sistema conocido y seguro, un universo terrible está escondido. Crecimos entre guerras y crisis, entre violencia e inseguridad.

Tal y como dice el artículo: “[…] el millennial es el "rey"; dominante y seguro dentro de su casa, mientras que fuera de ella es dominado por la incertidumbre, la inseguridad y el temor. Este individuo no está entrenado para resolver situaciones por sí solo, no para adaptarse al entorno general” Por lo mismo, nos sentimos seguros en nuestros hogares. Sólo esperando tender la mano para que nuestros anhelos sean saciados. Y esto es cierto. Tan acostumbrados estamos a vivir en un mundo rápido, prácticamente instantáneo que nuestros esfuerzos son mínimos o incluso, nulos. Afuera oímos que hay guerras, violencia y catástrofes continuas. Eso sí, nuestros padres se empeñan en cuidarnos de estos males a como de lugar. 

¿Qué pasará entonces el día en que salgamos a buscar empleo? ¿La vida laboral nos hará entender la realidad y ponernos a trabajar desesperadamente? Quizá. Hoy estaba hablando con otro miembro de la generación Y, un poco más grande que yo. Él perdió a su madre hace cinco años, vive solo y trabaja para poder pagarse la Universidad. Este chico me comentó que hay un momento en que los “juniors”(los típicos jóvenes de clase media-alta que viven de lo que “papi” da) cansan, que está fatigado de hablar de frivolidad y media. Detesta que en la realidad millennial común uno debe aparentar siempre el tener, para entonces, y sólo entonces, ser.

De acuerdo con Maslow (1908-1970 psicólogo estadounidense humanista), un ser humano sólo puede llegar al máximo desarrollo cubriendo algunas etapas antes. Su famosa pirámide ilustra que primero se han de cubrir las necesidades fisiológicas (alimentación, descanso, respiración), luego las de seguridad (de empleo, de salud, de propiedad privada), seguidas por las de afiliación (amistad, afecto), reconocimiento (confianza, respeto, éxito) para alcanzar una autorrealización (moralidad, resolución de problemas, falta de prejuicios). A los miembros de mi generación nunca les ha faltado nada, y por lo mismo, no aprecian lo que tienen. No valoramos la información porque inconscientemente pensamos que siempre ha estado ahí; ya ni se diga del vestido o sustento. Nunca hemos luchado por nada.

El artículo pintó a mi generación como algo acabado. Lo cierto es que lo dudo, porque cuando las personas se dan cuenta de todas las cosas hermosas que existen a su alrededor, quieren cambiar las cosas. Sabemos por inercia respetar la individualidad de las personas y lo único que espero de nosotros es que en un futuro discernamos los ideales que queremos tener, que comprendamos que el relativismo no está del todo bien y que dirijamos nuestra fuerza a una ideología plural y justa. Tanto crecimos entre guerras que quizá seamos los indicados para entender la paz. Somos el presente, y en nuestras manos está cambiar las injusticias que acechan no sólo al país sino al mundo. Sin embargo, hay que aceptarlo: nada cambiará si no nos dejan estrellarnos contra la pared. Lo que le falta a mi generación, es sencillamente, quitarle la correa.



Guinevere Mc Namara



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Existe un sinfín de jóvenes que no puede ver más allá de su nariz. Hay algunos “reyes” que sienten que los demás son simples plebeyos. Lo peor, es que no se dan cuenta que se pierden de las cosas más hermosas y sencillas del diario acontecer humano. Este video de Marianela Nieto Palacios  lo ilustra de una manera magistral.



martes, 28 de junio de 2011

Ciencia Humana vs. Ciencia Exacta


A lo largo de mi vida me he enfrentado a muchas clases de discusiones. Discusiones sobre cosas sencillas, como “¿qué vamos a comer hoy”?  o “¿a qué equipo le vas?”. Discusiones más serias, acerca de política o sobre algún acontecimiento social o económico importante. Sin embargo, supongo que por mi modo de ser, he estado envuelta en una discusión específica en repetidas ocasiones: ¿Cuáles son más importantes, útiles o con mayor relevancia en el ser humano; las Ciencias Exactas o las Ciencias Humanas (incluyendo las artes)?

Las ciencias humanas me apasionan. Desde que tengo memoria aprecio la literatura, la filosofía y el arte. Lamentablemente, no nací en la época Renacentista, sino en el siglo XXI; donde la ciencia exacta se alza como la gran verdad, donde el hombre se destruye con el afán de palpar el éxito y el poder… ¿filosofía? ¿teología? ¿literatura? ¡Nada de eso vale en una realidad del todo real!

En esta etapa de mi vida, en donde estoy a punto de entrar a la Universidad, más de una persona, al enterarse de que cursaré la Licenciatura en Humanidades, augura que me moriré de hambre. Odio los comentarios que desmeritan la importancia de las Ciencias Humanas “¿vas a desperdiciar tu inteligencia en eso?”. Antes, retiraba la mirada, sin saber exactamente qué responder. Hoy clavo la vista en los ojos de mi interlocutor y exclamo, segura, que muchas de las cuestiones artísticas y/o humanistas necesitan de gente con mente bastante desarrollada. ¿Moriré de hambre? No lo sé. Creo firmemente en la capacidad de uno para no dejarse vencer, algunos adultos lo llamarían “necedad de juventud”. Quizá. Sin embargo; estoy convencida de que eso me llevará a tierras en donde gracias a mi profesión, que es mi pasión, seguiré en este océano de felicidad.

Con todo, aprecio las ciencias exactas. Provengo de una familia de ingenieros y curiosamente, muchos de mis amigos y conocidos son cercanos a éstas. De hecho, el cuadrante dominante de mi cerebro es el frontal izquierdo; símbolo inequívoco de que la genética influye en la personalidad… y de que en realidad, no soy una extremista anti-matemáticas, anti-física o anti-ciencia. Todo lo contrario. Mi vida no sería lo que es sino existieran los avances científicos, reflejados en la tecnología. Lo compruebo en las actividades diarias y simples de mi vida: me levanto, enciendo una lámpara, echo andar la computadora para escuchar música mientras me arreglo, reviso qué hay de nuevo en las redes sociales, admiro la televisión cuando mi madre y yo nos ponemos al tanto de las noticias… Mi diario quehacer se desarrolla alrededor de inventos que vieron la luz gracias a la ciencia. Hablar sobre galaxias, hoyos negros y planetas es algo apasionante para mí y la ciencia es mágica. La exactitud de la ciencia nos permite conocer el mundo. El mundo que los humanistas también re-descubren.

Soy una persona a la que le gusta sincretizar conocimientos. Las dos ramas de las ciencias no están separadas. Necesitan una de la otra. Ambas se ayudan, e incluso, pueden llegar a los mismos resultados. Sí… los MISMOS resultados. Por ejemplo, la matemática moderna sabe muy bien que las matemáticas no son tan exactas como se cree. ¿Por qué? Porque los números son infinitos. Así, entre 1 y 2 hay una infinidad de números. Si expresamos 1.34 (metros), es poco probable que esta medida sea del todo exacta, porque quizá tenga un número detrás 1.34567534… Esta paradoja matemática la explicó alguna vez un filósofo. Sí, un filósofo. Zenón de Elea, en sus paradojas, habla de que los puntos entre A y B serán infinitos. La filosofía, con perdón de los científicos (si es que llego a herir susceptibilidades, sólo declaro la verdad), es la madre de la ciencia exacta.

Un ser humano que sólo vive de ciencia, tendrá una existencia meramente real. A algunos les parecerá fría. A mí no. No es fría, pero sí seca. La ciencia hace que muchas personas admiren un mundo hermoso. Les aseguro que muchos científicos están absortos por sus descubrimientos, les parecen fascinantes y les apasiona lo que hacen. No está mal, pero creo que el ser humano necesita volver a su origen. A ver dentro de sí mismo: ¡la ciencia debería convertirnos en humanos de nuevo! No promover el desprendimiento de una parte importante en nuestro ser.
Es magnífico imaginar el tamaño de nuestro Universo, es excelso entender el funcionamiento de sustancias que podemos ver, tocar e incluso con las que podemos inventar cosas nuevas, la ciencia… es sublime. ¿Pero acaso no es también magnífica la mirada de un niño? ¿No es excelsa la oración que lanzan a Dios millones de personas a diario? ¿no es también sublime lo que no podernos explicar… pero que sentimos?

El arte y la ciencia no son enemigos. Son amantes. A lo largo de mi vida he estado envuelta en la discusión pragmática de las dos ramas de ciencias. ¿Y saben algo? También en mis pocos años de vida, he constatado hasta el punto de maravillarme, lo hermoso que se ven juntas, lo dichosas que son las personas cuando logran tener conocimientos equilibrados en las dos áreas. Sólo los humanos pueden hacer ciencia. Sólo los humanos pueden crear arte. Sólo los humanos somos completos al combinar ambas.

Guinevere Mc Namara



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Cuando el Arte y la Ciencia se besan, ocurren cosas grandiosas:Para los no versados en mates, Tau es el número "Pi", por dos. (2π).