martes, 28 de junio de 2011

Ciencia Humana vs. Ciencia Exacta


A lo largo de mi vida me he enfrentado a muchas clases de discusiones. Discusiones sobre cosas sencillas, como “¿qué vamos a comer hoy”?  o “¿a qué equipo le vas?”. Discusiones más serias, acerca de política o sobre algún acontecimiento social o económico importante. Sin embargo, supongo que por mi modo de ser, he estado envuelta en una discusión específica en repetidas ocasiones: ¿Cuáles son más importantes, útiles o con mayor relevancia en el ser humano; las Ciencias Exactas o las Ciencias Humanas (incluyendo las artes)?

Las ciencias humanas me apasionan. Desde que tengo memoria aprecio la literatura, la filosofía y el arte. Lamentablemente, no nací en la época Renacentista, sino en el siglo XXI; donde la ciencia exacta se alza como la gran verdad, donde el hombre se destruye con el afán de palpar el éxito y el poder… ¿filosofía? ¿teología? ¿literatura? ¡Nada de eso vale en una realidad del todo real!

En esta etapa de mi vida, en donde estoy a punto de entrar a la Universidad, más de una persona, al enterarse de que cursaré la Licenciatura en Humanidades, augura que me moriré de hambre. Odio los comentarios que desmeritan la importancia de las Ciencias Humanas “¿vas a desperdiciar tu inteligencia en eso?”. Antes, retiraba la mirada, sin saber exactamente qué responder. Hoy clavo la vista en los ojos de mi interlocutor y exclamo, segura, que muchas de las cuestiones artísticas y/o humanistas necesitan de gente con mente bastante desarrollada. ¿Moriré de hambre? No lo sé. Creo firmemente en la capacidad de uno para no dejarse vencer, algunos adultos lo llamarían “necedad de juventud”. Quizá. Sin embargo; estoy convencida de que eso me llevará a tierras en donde gracias a mi profesión, que es mi pasión, seguiré en este océano de felicidad.

Con todo, aprecio las ciencias exactas. Provengo de una familia de ingenieros y curiosamente, muchos de mis amigos y conocidos son cercanos a éstas. De hecho, el cuadrante dominante de mi cerebro es el frontal izquierdo; símbolo inequívoco de que la genética influye en la personalidad… y de que en realidad, no soy una extremista anti-matemáticas, anti-física o anti-ciencia. Todo lo contrario. Mi vida no sería lo que es sino existieran los avances científicos, reflejados en la tecnología. Lo compruebo en las actividades diarias y simples de mi vida: me levanto, enciendo una lámpara, echo andar la computadora para escuchar música mientras me arreglo, reviso qué hay de nuevo en las redes sociales, admiro la televisión cuando mi madre y yo nos ponemos al tanto de las noticias… Mi diario quehacer se desarrolla alrededor de inventos que vieron la luz gracias a la ciencia. Hablar sobre galaxias, hoyos negros y planetas es algo apasionante para mí y la ciencia es mágica. La exactitud de la ciencia nos permite conocer el mundo. El mundo que los humanistas también re-descubren.

Soy una persona a la que le gusta sincretizar conocimientos. Las dos ramas de las ciencias no están separadas. Necesitan una de la otra. Ambas se ayudan, e incluso, pueden llegar a los mismos resultados. Sí… los MISMOS resultados. Por ejemplo, la matemática moderna sabe muy bien que las matemáticas no son tan exactas como se cree. ¿Por qué? Porque los números son infinitos. Así, entre 1 y 2 hay una infinidad de números. Si expresamos 1.34 (metros), es poco probable que esta medida sea del todo exacta, porque quizá tenga un número detrás 1.34567534… Esta paradoja matemática la explicó alguna vez un filósofo. Sí, un filósofo. Zenón de Elea, en sus paradojas, habla de que los puntos entre A y B serán infinitos. La filosofía, con perdón de los científicos (si es que llego a herir susceptibilidades, sólo declaro la verdad), es la madre de la ciencia exacta.

Un ser humano que sólo vive de ciencia, tendrá una existencia meramente real. A algunos les parecerá fría. A mí no. No es fría, pero sí seca. La ciencia hace que muchas personas admiren un mundo hermoso. Les aseguro que muchos científicos están absortos por sus descubrimientos, les parecen fascinantes y les apasiona lo que hacen. No está mal, pero creo que el ser humano necesita volver a su origen. A ver dentro de sí mismo: ¡la ciencia debería convertirnos en humanos de nuevo! No promover el desprendimiento de una parte importante en nuestro ser.
Es magnífico imaginar el tamaño de nuestro Universo, es excelso entender el funcionamiento de sustancias que podemos ver, tocar e incluso con las que podemos inventar cosas nuevas, la ciencia… es sublime. ¿Pero acaso no es también magnífica la mirada de un niño? ¿No es excelsa la oración que lanzan a Dios millones de personas a diario? ¿no es también sublime lo que no podernos explicar… pero que sentimos?

El arte y la ciencia no son enemigos. Son amantes. A lo largo de mi vida he estado envuelta en la discusión pragmática de las dos ramas de ciencias. ¿Y saben algo? También en mis pocos años de vida, he constatado hasta el punto de maravillarme, lo hermoso que se ven juntas, lo dichosas que son las personas cuando logran tener conocimientos equilibrados en las dos áreas. Sólo los humanos pueden hacer ciencia. Sólo los humanos pueden crear arte. Sólo los humanos somos completos al combinar ambas.

Guinevere Mc Namara



  ***
Cuando el Arte y la Ciencia se besan, ocurren cosas grandiosas:Para los no versados en mates, Tau es el número "Pi", por dos. (2π).