sábado, 30 de julio de 2011

La punta de mi lengua



Hay muchas maneras de convertirse en hombre, de alcanzar una verdadera humanidad. Para algunos, la mayor expresión del ser humano es el poder amar; para otros quizá sea la capacidad de raciocinio, y para otro sector es el tener la oportunidad de conocer a  su Creador. Entre tantas formas de ser hombre, una de las más grandiosas es el hablar en un idioma. La capacidad humana para comunicarse es propia de sí mismo, porque con un conjunto de grafemas que a su vez, representan grafemas, podemos dar mensajes ricos, útiles y edificadores. Gracias a ese don de palabra, hemos forjado civilizaciones y también, hemos palpado tanto la más profunda pena como  la más grandiosa de las dichas.

Quinientos millones de personas hablamos español, esta cifra representa millones de mentes: un sinfín de mundos que expresan sus sentires en esta lengua tan bella. Octavio Paz señala de manera cuasi-filosófica: “El lenguaje humano está abierto al universo […] pero igualmente, por sí mismo, es un universo”.* Transmitimos ideas y sentimientos, nos explicamos el cosmos con una lengua. Ese mismo lenguaje que utilizamos a diario, es un universo de difícil comprensión. Mucha gente usa el español, pero pocos son los que atisban sus implicaciones y designios ocultos en cada raíz, en la historia de cada palabra. Después de todo, no es necesario comprenderlo (en lo más profundo de la semántica, al menos) para disfrutar de él.  

El premio nobel también declara que “las palabras del lenguaje, por sí mismas, dicen y callan algo”. A pesar de que suena un tanto paradójico, este conocimiento lo poseen poetas y escritores, y es un arma inigualable para aquél que sabe usarla. Todos los hablantes del español podemos expresar fonemas y tratar de describir lo que pensamos o sentimos, pero a la vez cada vocablo representa un silencio. El comunicar con palabras reduce nuestra imaginación a un solo conjunto de letras o sonidos, lo cual no está mal; sin embargo, siempre hay algo que “ocultamos” sin siquiera saberlo. Esto explica el que los poetas utilicen metáforas y palabras de gran contenido histórico en sus entrañas para reflejar sentires de la vida. Así, no es lo mismo encontrar en un texto científico: “Los eritrocitos, también llamados glóbulos rojos o hematíes, son los elementos formes cuantitativamente más numerosos de la sangre” que ver en un poema: “Y su sangre ya viene cantando:/cantando por marismas y praderas,/resbalando por cuernos ateridos,/vacilando sin alma por la niebla,”: la ciencia necesita del sentido práctico y específico de la palabra, mientras que la lírica precisa de vocablos que destellen imágenes más subjetivas o etéreas. Las palabras tienen un gran poder, prácticamente subliminal, por eso nos relamemos con voces antiguas de un enorme significado histórico (a veces, por cierto, sin saber que esa palabra se pierde en los anales de la memoria colectiva).

Por otro lado, también cabe señalar que el idioma español es una lengua extensa ya que posee palabras acuñadas de todos los lugares en donde se habla. Me gusta la comparación que hace Paz del idioma español con un árbol: cada rama es una manera de manifestar el español según el lugar geográfico en donde se hable y nosotros, los hablantes, somos sus hojas. La rama “España” tiene sus propias hojas, así como la rama “México” o “Perú” tendrán las suyas. A veces, estas ramas tocan las hojas de otros árboles… ¡y abracadabra! Tenemos voces árabes, de origen náhuatl o germanismos. Algún día las hojas actuales morirán y caerán del árbol del idioma, mas vendrán nuevos hablantes que impondrán frescas maneras de crecer; sus raíces serán las mismas, pero es posible que el árbol tome diferentes formas según  las necesidades de los hablantes.

 Aquél que diga que todo está escrito, está expresando una falacia, ya lo dice también el genial escritor: “Le lengua es más vasta que la literatura”. Si la lengua es un universo y nosotros que la hablamos, a su vez, la reinventamos, no importa los siglos que pasen; habrá nuevas realidades que describir, relucientes fantasías por plasmar en papel. Una vez más, retomo lo dicho por  Paz “[…] el escritor explora su realidad, la suya propia y la de su tiempo. […] El poeta y el novelista descifran el habla colectiva y descubren la verdad escondida de aquello que decimos y de aquello que callamos”. Sencillamente, toda la sociedad grita su realidad, pero también la intenta silenciar: la literatura se encarga de cristalizar las verdades de los pueblos, por ello es grandiosa.

Sin más, el ser humano necesita del lenguaje, como el lenguaje requiere del hombre para crecer. Somos afortunados de hablar español .Y si me lo preguntan, el idioma castellano es uno de los más ricos, una lengua interminable que le permite a sus hijos declarar ideas, confesar sentimientos y revelar certezas.


*Todas las citas fueron tomadas del artículo de Octavio Paz "Nuestra Lengua". Para leerlo, pulsa aquí.

Guinevere Mc Namara



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Ya pasó el día “E”. Sin embargo, el video sigue teniendo datos muy buenos y se aprecian algunos hablantes del castellano famosos.





lunes, 18 de julio de 2011

Generación "Y"


Hace algún tiempo había leído acerca de la teoría sociológica de Strauss y Howe sobre las generaciones. Este mes retome y profundicé en el tema gracias a una monografía con cuatro artículos principales, publicado por la revista “Algarabía”.  Básicamente, cada grupo generacional está marcado por una cultura específica. En general, las personas que nacen en un periodo concreto de tiempo, tienen características semejantes entre sí.


Buena parte de esta teoría explicaría la manera colectiva de pensar de cierto grupo social. Así, el fenómeno de la “brecha generacional” no es tan extraño, ya que la gente nacida durante los años 20 no se comportará igual a los seres humanos aparecidos en los 50 y mucho menos a los que vinieron al mundo durante los 90.

Sería interesante reflexionar sobre cada generación y su comportamiento. Sin embargo, esto implicaría tiempo y quizá demasiado esfuerzo para este espacio, en el cual quiero simplemente transmitir mi opinión, no ofrecer un ensayo completo sobre la teoría. Para mayor información, pueden comprar por 30 pesos la monografía en Sanborns. O bien, preguntarle al oráculo (mejor conocido como Google).

Soy una “millennial”. Miembro de la generación “Y” nacida entre los años 1982 y 1994-1997 (varía según el autor). Quizá no tenga el grado de sapiencia o preparación para sumergirme en el mundo de generaciones pasadas pero sí que es válido analizar a los seres que coexisten conmigo.

En la monografía que me di a la tarea de leer nos pintan como una generación francamente espantosa e inútil. En específico, el artículo en el que se considera la realidad “millennial” ve el entorno de los sujetos entre clases media y alta. De esta manera, los “y” crecimos sobre-consentidos de niños y hemos oído miles de veces el clásico “Quiero que tú tengas lo que yo no pude tener”. Bajo esta premisa nuestros padres nos dan todo lo que queramos. Sí, todo: Computadora, automóvil, una “buena” escuela, dinero, permisos, ¡lo que sea! Nuestra triste realidad es que afuera del sistema conocido y seguro, un universo terrible está escondido. Crecimos entre guerras y crisis, entre violencia e inseguridad.

Tal y como dice el artículo: “[…] el millennial es el "rey"; dominante y seguro dentro de su casa, mientras que fuera de ella es dominado por la incertidumbre, la inseguridad y el temor. Este individuo no está entrenado para resolver situaciones por sí solo, no para adaptarse al entorno general” Por lo mismo, nos sentimos seguros en nuestros hogares. Sólo esperando tender la mano para que nuestros anhelos sean saciados. Y esto es cierto. Tan acostumbrados estamos a vivir en un mundo rápido, prácticamente instantáneo que nuestros esfuerzos son mínimos o incluso, nulos. Afuera oímos que hay guerras, violencia y catástrofes continuas. Eso sí, nuestros padres se empeñan en cuidarnos de estos males a como de lugar. 

¿Qué pasará entonces el día en que salgamos a buscar empleo? ¿La vida laboral nos hará entender la realidad y ponernos a trabajar desesperadamente? Quizá. Hoy estaba hablando con otro miembro de la generación Y, un poco más grande que yo. Él perdió a su madre hace cinco años, vive solo y trabaja para poder pagarse la Universidad. Este chico me comentó que hay un momento en que los “juniors”(los típicos jóvenes de clase media-alta que viven de lo que “papi” da) cansan, que está fatigado de hablar de frivolidad y media. Detesta que en la realidad millennial común uno debe aparentar siempre el tener, para entonces, y sólo entonces, ser.

De acuerdo con Maslow (1908-1970 psicólogo estadounidense humanista), un ser humano sólo puede llegar al máximo desarrollo cubriendo algunas etapas antes. Su famosa pirámide ilustra que primero se han de cubrir las necesidades fisiológicas (alimentación, descanso, respiración), luego las de seguridad (de empleo, de salud, de propiedad privada), seguidas por las de afiliación (amistad, afecto), reconocimiento (confianza, respeto, éxito) para alcanzar una autorrealización (moralidad, resolución de problemas, falta de prejuicios). A los miembros de mi generación nunca les ha faltado nada, y por lo mismo, no aprecian lo que tienen. No valoramos la información porque inconscientemente pensamos que siempre ha estado ahí; ya ni se diga del vestido o sustento. Nunca hemos luchado por nada.

El artículo pintó a mi generación como algo acabado. Lo cierto es que lo dudo, porque cuando las personas se dan cuenta de todas las cosas hermosas que existen a su alrededor, quieren cambiar las cosas. Sabemos por inercia respetar la individualidad de las personas y lo único que espero de nosotros es que en un futuro discernamos los ideales que queremos tener, que comprendamos que el relativismo no está del todo bien y que dirijamos nuestra fuerza a una ideología plural y justa. Tanto crecimos entre guerras que quizá seamos los indicados para entender la paz. Somos el presente, y en nuestras manos está cambiar las injusticias que acechan no sólo al país sino al mundo. Sin embargo, hay que aceptarlo: nada cambiará si no nos dejan estrellarnos contra la pared. Lo que le falta a mi generación, es sencillamente, quitarle la correa.



Guinevere Mc Namara



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Existe un sinfín de jóvenes que no puede ver más allá de su nariz. Hay algunos “reyes” que sienten que los demás son simples plebeyos. Lo peor, es que no se dan cuenta que se pierden de las cosas más hermosas y sencillas del diario acontecer humano. Este video de Marianela Nieto Palacios  lo ilustra de una manera magistral.