Hace algún tiempo había leído acerca de la teoría sociológica de Strauss y Howe sobre las generaciones. Este mes retome y profundicé en el tema gracias a una monografía con cuatro artículos principales, publicado por la revista “Algarabía”. Básicamente, cada grupo generacional está marcado por una cultura específica. En general, las personas que nacen en un periodo concreto de tiempo, tienen características semejantes entre sí.
Buena parte de esta teoría explicaría la manera colectiva de pensar de cierto grupo social. Así, el fenómeno de la “brecha generacional” no es tan extraño, ya que la gente nacida durante los años 20 no se comportará igual a los seres humanos aparecidos en los 50 y mucho menos a los que vinieron al mundo durante los 90.
Sería interesante reflexionar sobre cada generación y su comportamiento. Sin embargo, esto implicaría tiempo y quizá demasiado esfuerzo para este espacio, en el cual quiero simplemente transmitir mi opinión, no ofrecer un ensayo completo sobre la teoría. Para mayor información, pueden comprar por 30 pesos la monografía en Sanborns. O bien, preguntarle al oráculo (mejor conocido como Google).
Soy una “millennial”. Miembro de la generación “Y” nacida entre los años 1982 y 1994-1997 (varía según el autor). Quizá no tenga el grado de sapiencia o preparación para sumergirme en el mundo de generaciones pasadas pero sí que es válido analizar a los seres que coexisten conmigo.
En la monografía que me di a la tarea de leer nos pintan como una generación francamente espantosa e inútil. En específico, el artículo en el que se considera la realidad “millennial” ve el entorno de los sujetos entre clases media y alta. De esta manera, los “y” crecimos sobre-consentidos de niños y hemos oído miles de veces el clásico “Quiero que tú tengas lo que yo no pude tener”. Bajo esta premisa nuestros padres nos dan todo lo que queramos. Sí, todo: Computadora, automóvil, una “buena” escuela, dinero, permisos, ¡lo que sea! Nuestra triste realidad es que afuera del sistema conocido y seguro, un universo terrible está escondido. Crecimos entre guerras y crisis, entre violencia e inseguridad.
Tal y como dice el artículo: “[…] el millennial es el "rey"; dominante y seguro dentro de su casa, mientras que fuera de ella es dominado por la incertidumbre, la inseguridad y el temor. Este individuo no está entrenado para resolver situaciones por sí solo, no para adaptarse al entorno general” Por lo mismo, nos sentimos seguros en nuestros hogares. Sólo esperando tender la mano para que nuestros anhelos sean saciados. Y esto es cierto. Tan acostumbrados estamos a vivir en un mundo rápido, prácticamente instantáneo que nuestros esfuerzos son mínimos o incluso, nulos. Afuera oímos que hay guerras, violencia y catástrofes continuas. Eso sí, nuestros padres se empeñan en cuidarnos de estos males a como de lugar.
¿Qué pasará entonces el día en que salgamos a buscar empleo? ¿La vida laboral nos hará entender la realidad y ponernos a trabajar desesperadamente? Quizá. Hoy estaba hablando con otro miembro de la generación Y, un poco más grande que yo. Él perdió a su madre hace cinco años, vive solo y trabaja para poder pagarse la Universidad. Este chico me comentó que hay un momento en que los “juniors”(los típicos jóvenes de clase media-alta que viven de lo que “papi” da) cansan, que está fatigado de hablar de frivolidad y media. Detesta que en la realidad millennial común uno debe aparentar siempre el tener, para entonces, y sólo entonces, ser.
De acuerdo con Maslow (1908-1970 psicólogo estadounidense humanista), un ser humano sólo puede llegar al máximo desarrollo cubriendo algunas etapas antes. Su famosa pirámide ilustra que primero se han de cubrir las necesidades fisiológicas (alimentación, descanso, respiración), luego las de seguridad (de empleo, de salud, de propiedad privada), seguidas por las de afiliación (amistad, afecto), reconocimiento (confianza, respeto, éxito) para alcanzar una autorrealización (moralidad, resolución de problemas, falta de prejuicios). A los miembros de mi generación nunca les ha faltado nada, y por lo mismo, no aprecian lo que tienen. No valoramos la información porque inconscientemente pensamos que siempre ha estado ahí; ya ni se diga del vestido o sustento. Nunca hemos luchado por nada.
El artículo pintó a mi generación como algo acabado. Lo cierto es que lo dudo, porque cuando las personas se dan cuenta de todas las cosas hermosas que existen a su alrededor, quieren cambiar las cosas. Sabemos por inercia respetar la individualidad de las personas y lo único que espero de nosotros es que en un futuro discernamos los ideales que queremos tener, que comprendamos que el relativismo no está del todo bien y que dirijamos nuestra fuerza a una ideología plural y justa. Tanto crecimos entre guerras que quizá seamos los indicados para entender la paz. Somos el presente, y en nuestras manos está cambiar las injusticias que acechan no sólo al país sino al mundo. Sin embargo, hay que aceptarlo: nada cambiará si no nos dejan estrellarnos contra la pared. Lo que le falta a mi generación, es sencillamente, quitarle la correa.
Guinevere Mc Namara

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Existe un sinfín de jóvenes que no puede ver más allá de su nariz. Hay algunos “reyes” que sienten que los demás son simples plebeyos. Lo peor, es que no se dan cuenta que se pierden de las cosas más hermosas y sencillas del diario acontecer humano. Este video de Marianela Nieto Palacios lo ilustra de una manera magistral.

4 comentarios:
Muy interesante lo que decís, y supongo que el ensayo también lo será. Yo también pienso que nuestra generación es un poco así... pero a la vez creo que también estamos los que nacimos (me atrevo a sentirme parte de lo que estoy por describir)en esta generación, pero no nos sentimos identificados con el resto. Yo siempre me relacioné mejor con gente de otras generaciones y muy diversas edades... o con los que considero, como yo, diferentes dentro de esta misma generación. Hay más diferencias, extremos más marcados en cuanto a mentalidades y formas de ser. Al menos, yo lo siento, y no soy la única.
Interesante post. Gracias por tus palabras.
Saludos!!
Gracias Valebé por tu comentario. De hecho, creo que entiendo tu punto de vista, porque también me relaciono con gente que el grueso de mi generación catalogaría como "extraña" y con personas de otras generaciones, de diferentes edades. En mi caso, por ejemplo, siempre estuve rodeada de gente mayor a mí. Eso siempre lo enriquece a uno.
Alguna vez escribí que me cuesta relacionarme con gente de mi generación, y tal vez sea por eso, por renegar de esto que describís. Pero eso no quita que aceptemos que es cierto, que nuestra generación se ve muy marcada por esas cosas que comentás; lo bueno es poder reconocerlo, saber que gente de la misma generación reflexiona al respecto y puede elegir cómo desarrollar su vida. Creo que eso hace toda la diferencia, que estamos "despiertos", con los sentidos abiertos, preguntándonos cosas (algo de esto te puse en el texto anterior de hecho, mirá cómo se relaciona todo...).
Otra interesante reflexión Guinevere! Un placer leerla. Besos
Me da gusto leerte de nuevo Ale, también ya leí tu biografía, la cual me pareció sin duda interesante. En mí, por ejemplo, encuentro características que no van del todo con mi generación (de acuerdo con la teoría) quizá se deba a la sobre-exposición a personas más grandes que yo. En cualquier caso, siempre me es agradable encontrar gente, como tu dices: "despierta". Espero seguir viéndote por estos rumbos. Gracias por tus comentarios =D
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