Hace poco tiempo leí los delirios de cierto vlogger (video-blogger, en jerga informática) que relataban parte de sus experiencias con las crisis de la edad.
Es normal escuchar que alguien ha ingresado en la “crisis de los 25, 30, 40…”. Existen personas a las que cumplir una determinada cantidad de años los pone a reflexionar acerca de sus vidas, o incluso, niegan haber entrado en una nueva etapa y se disponen a hacer locuras: el típico caso del hombre maduro que se pinta el cabello, compra un automóvil lujoso y se ve ridículo con ropa que ya “no va para su edad".
Considero que nunca he tenido una crisis de la edad como tal. Nunca me ha causado afrenta cumplir “x” cantidad de años. Sin embargo, sí he sufrido episodios que de algún modo, transformaron mi existencia, vamos a decir que he tenido “crisis de etapas en la vida”. Por ejemplo, el primer evento de este tipo en mí se dio cuando mi hermano más chico dejó el hogar – yo tenía alrededor de 11 años, mi hermano ya andaba por los 27 -; éste fue el primer golpe que cambió mi rutina e hizo que comprendiera que con el tiempo, por circunstancia a veces ajenas a uno mismo, la vida se modifica, y las personas debemos adaptarnos a ello.
Puedo mencionar muchos parte-aguas que transformaron mi diario existir: cuando me convertí en una adolescente, el día en que mis padres se separaron, haber pasado a la secundaria o a la preparatoria…
Y habiendo disfrutado y sufrido de diversos momentos que afectaron mi pensamiento y mi alma he llegado al inicio de otra etapa importante en la vida de un joven común. El inicio de la carrera universitaria.
Es posible que suene a cliché, pero nunca pensé que este momento en verdad fuese a llegar. Desde que tengo 4 años he estudiado en el mismo lugar. A pesar de que me he involucrado en numerosas actividades fuera del colegio, podríamos decir que éste se convirtió en mi segundo hogar.
Estoy en medio de una crisis interesante. Es como dejar un nido para volar a otro lugar. La Universidad se alza como un mundo de posibilidades infinitas e increíbles. Con todo, me es imposible no mirar hacia atrás y sonreír. Me siento orgullosa en declarar que en todos mis años de estudio conocí a personas maravillosas: compañeros que siempre me dejaron algo (bello y malo, pero útil después de todo) y maestros con vocación que no sólo se preocuparon en verme exitosa en el estudio, sino como una persona completa.
Insisto, es como dejar una familia. La voy a extrañar mucho, extrañaré todas las cosas que ahí viví y que me transformaron en el ente que ahora soy. Ese lugar siempre me abrió las puertas: si no hubiese sido por estar en el colegio, más de un acontecimiento no tan bueno hubiese sido espantoso. Aunque esa familia no esté ya cerca, siempre la quise, la quiero, y querré.
Mañana comienzo en la Universidad y la verdad es que me da gusto porque sé que encontraré personas que me enseñarán siempre algo, tendré y aprovecharé miles de oportunidades académicas y profesionales; en fin, sé que hay muchos beneficios en esta nueva institución.
Eso sí, digan lo que digan, nunca me podré olvidar de mis raíces. Soy una persona a la que le gusta recordar su pasado para sacar lo mejor de éste y aprovecharlo en el presente. Ayer me enseñaron y me quisieron, y hoy, sólo tengo que dar los frutos de ello.
Acabo de dejar mi puerto natal para zarpar a tierras nuevas, el océano se abre inmenso y en él caben todas las posibilidades. Será cosa de mi barco aprender a pescar las mejores, las que se traduzcan en incontables riquezas y me lleven por sendas de dicha.

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2 comentarios:
Mucha suerte en esta nueva etapa que va a tocar vivir. Es como decís, de todo se aprende algo y lo que somos hoy está formado por las cosas fuimos viviendo. Asi que disfrutá cada día y llenate de el, que todo va a salir bien.
PD: me sorprendió verte con el pelo lacio y largo, contrario a la foto. Te queda lindo también!
¡Gracias Ale por tus buenos deseos y el cumplido! Me alegra seguirte viendo por estos lares.
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